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Santa Maria, California - July 12, 2010
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To Hell With Death
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(Source: birikforever, via bacovia3m)

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"Reality exists in the human mind, and nowhere else."

— George Orwell, 1984  (via impf)

(Source: viage, via rchtctrstdntblg)

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(Source: givemeinternet, via thinksquad)

Tags: nsa gif
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"Never sit a table when you can stand at the bar."

— Ernest Hemingway (via we-r-stubborn)

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(Source: loespoes, via sangreconleche)

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Quién lo hace, quién lo puede decir, que voces presumidas son capaces de hacer envidiar el labio extranjero, ¿cómo puedo hacerme ver en mis letras?, ¿cuanto desgarro vengo sufriendo sin ver gota carmesí manchar mis botas? Veo que soy capaz de soportar mucho, o mucho mejor, soy capaz de ignorar tanto sea necesario, de vivir en una realidad rumorosa, alterna al desafío inherente, aquel que enjoya las habilidades, danzarín de ceremonia nocturna, como toda cosa que pierde su tonalidad frente al reflejo. No me basta con escudriñar mi mente, todo se desaparece, receloso en las diáfanas cortinas verdiazules de la psiquis, caigo en la penumbra numinosa de la realidad, soy incapaz de internarme en las entrañas de mi propio pensamiento, no hay truco, no hay maestría capaz de disolver los muros, ya basta, es necesario enjugarme las botas de sangre, bailar y salpicar de agua sucia mis talones.

He aquí se encuentra un hombre, una conciencia, un yo absoluto en su inocencia cósmica, mínimo, interminable e in-cognoscible. He aquí un alma que aún cuestiona su existencia, ¿es que hay algo negable para mí, desde mí? Hay suficiente en la nada para la nada nata, esta blasfemia cae para los enemigos y para los amigos, sea creyente o no creyente, ¿cómo saber si de mí estoy seguro si no estoy seguro de mi, desde mí? Habiéndome visto palpitando hasta los huesos entre Caribdis y Escila, temo, temo no caer en las voraces fauces o en el infatigable remolino, la desventura para mí es una promesa de tierra firme, arda en azufre o baile entre pigmeos alegres, hoy me da igual. El incansable poder de la inexistencia da potencia a la existencia, demosle regocijo a quien le ha dado a la H su poder cancerígeno en la lengua, pues ha creado un puente entre la inocencia y la cosquilla.

Errante, disminuyo la apostasía. Heme aquí, soy todo palabras.

Si le doy importancia… si empiezo por darle importancia a la forma, si le doy importancia al color, a la estructura visceral, al momento y el tiempo incansable en que se hospeda, si empiezo por perforar lo visto siguiendo la veta de la comprensión; las cosas en su esencia, todo como un soluto, ¿dejarían de ser islas para mí: los objetos, la presencias y los seres en su normativa más básica y comprensible? Si acostumbrara a mis sentidos a admirar cada una de las ecuaciones que construyen mi mundo, si dedicara mis fuerzas conscientes a una campaña de sumisión ante las maravillas patinosas de la realidad concesionada, acariciando por un tiempo potencialmente suficiente a cada una de las construcciones que se presenten a mi, en mis circunstancias más comunes, ¿que quedaría de mi al final? ¿qué sería de mi al final, acaso encontraría en ello la quimera de la carne, del vicio, apartaría de mí el cuerpo y evolucionaría en mi la locura? ¿comprobaría la existencia de la dualidad?
Sería probablemente una transgresión social o un personaje anecdótico del cual hablar luego, pero pensar así sería salir del juego, verme desde otros, aquellos que quizás no haya. Imaginadme, tomando un café dos horas en la mesa de un bulevar; apreciando el amargor tibio invadido de una obscena cantidad de estímulos sólo en mis labios y mi lengua, el café sería lo de menos, la combinación con mis jugos sería poco, la taza quizás lo sería todo, su color, textura o las cucharillas, oh, que decir de las cucharillas, aquellas perfectas terminaciones nacidas del martillo; mil años de metalurgia de diferentes culturas y nociones mezclada en el mismo objeto, la casualidad que me llevo a usarla sería un regalo absoluto, o la mesa, la ropa que me infunde una protección y una descalabrada e impredecible imagen ante el resto, los hilos y costuras, los pliegues, los roces, el sol, las nubes y su inconmensurable complejidad, perplejo de todo, sería un libro abierto en mil paginas a la vez salpicando de tinta sus letras frescas a mi cara rebosante de tanto ver y sentir, dislexia, las manchas en el suelo y sus causas, las servilletas, los delantales de las meseras, sus sonrisas que en sí son una existencia individual, sus labios una criatura del bosque, o aquellos peldaños del banco de enfrente regurgitando deudos e ilusos, blanca el azúcar, granos por toda la mesa, uno en especial, me parece una roca de hielo traída para mi goce desde los confines del norte atlántico, rota y perfecta. Y las personas, aquellos reclusorios neuronales vacilantes en torretas de carne, disparando y recibiendo suposiciones mudas, maquinarias imperfectas, hechando humos, crujiendo engranes aceitados hasta unos setenta u ochenta años, alabadores de sí frente a quienes caminan contra ellos, ocultos deseando bacanales eternos en sus sueños de siesta. Sería, aunque una honorable tarea, una estupidez, pues no es posible obviar que no somos todos, sino sólo soy yo y no hay lengua que traduzca mi dantesca investigación de los entresijos de la marea que trae a mi sensibilidad a todas aquellas píldoras de vitalidad.
Hoy soy la costa, hay un navegante mirando desde el malecón, manchado de experiencias con la brisa llegando desde su costado, mira la niebla que oculta la frontera del horizonte, grisáceo el paisaje, no hay aves, no hay botes ni barcos, no hay botas largas siquiera, sólo hay ansia y miedo mezcladas en una petaca, yo soy puerto, sólo soy medio, pero no agente. Hoy no.

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(Source: penaddict, via nerviosismo)

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"Leídos desde un planeta lejano los caracteres mayúsculos de nuestra existencia terrestre, conduciría quizá a la conclusión de que la Tierra es el verdadero planeta ascético, un rincón lleno de criaturas descontentas, arrogantes y repugnantes que no pueden desembarazarse del profundo disgusto que se causan a sí mismas, que les causa el mundo, la existencia, y que querrían hacerse daño: aparentemente, su único placer."

— Friederich Nietzsche - Más allá del bien y del mal.