Hoy, al ir a levantarme, sencillamente he sufrido un colapso. Esto tiene un motivo muy simple, y es que estoy totalmente sobrecargado de trabajo. No por la oficina, sino por mi otro trabajo. La oficina participa en ello de manera inocente, por cuanto, si no tuviera que acudir a ella, podría vivir tranquilamente para mi trabajo y no tendría que pasar cada día en ella esas seis horas que, especialmente el viernes y el sábado, cuando estaba lleno de mis asuntos, me atormentaron más de lo que pueda usted imaginarse. A la postre, lo sé, esto no es más que palabrería, la culpa es mía, y la oficina me plantea unas exigencias clarísimas y muy justificadas. Ahora bien, precisamente para mi eso es una terrible doble vida, y probablemente la única salida es la locura. Escribo esto a la luz clara de la primera hora de la mañana y seguramente no lo escribiría si no fuese tan verdad y si no lo quisiese a usted como a un hijo.
Por lo demás es seguro que mañana ya me habré recuperado y acudiré a la oficina, donde lo primero que oiré será que usted quiere que me vaya de su sección.

Franz Kafka. Diarios. Entrada del 19 de febrero de 1911.